La batalla por la supervivencia política del primer ministro británico, Keir Starmer, ha entrado en una fase crítica tras la demanda de dimisión del líder laborista en Escocia, Anas Sarwar, que coincide con la marcha de dos de los principales asesores del operativo de Downing Street en menos de 24 horas. Tras perder a su mano derecha, el hasta este domingo jefe de Gabinete, Morgan McSweeney, y a su director de Comunicación, Tim Allan, Starmer se ha quedado sin el escudo que actuaba como cortafuegos, lo que le deja más expuesto todavía al descontento de un grupo parlamentario en maniobras sucesorias. De momento, la falta de una alternativa evidente permite a Starmer ganar tiempo, pero la febril atmósfera que rodea al primer ministro ha forzado a su portavoz oficial a negar este lunes que su salida sea inminente.
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