El estrecho vínculo entre el primer ministro ultraconservador húngaro, Viktor Orbán, y el presidente ruso, Vladímir Putin, es ampliamente conocido. La campaña electoral en la que el dirigente húngaro se juega su supervivencia en el poder ha puesto en evidencia hasta dónde llega esa colaboración. Las sospechas de que Budapest actúa en Bruselas con frecuencia en interés de Moscú ha quedado acreditada con la filtración de conversaciones entre los titulares de Exteriores de ambos países. Esas pruebas refuerzan las informaciones que llevan semanas emergiendo sobre la injerencia rusa en las elecciones para blindar a su socio estratégico, que por primera vez en 16 años, va perdiendo en las encuestas.
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