El 6 de noviembre de 1975 sopló un siroco infernal en el Sáhara. A un lado de las alambradas que protegían la frontera norte de la última colonia española se concentraban 350.000 marroquíes. La mayoría eran pobres de solemnidad y habían sido reclutados en todas las provincias del reino que gobernaba con puño de hierro Hasán II, padre del actual monarca, Mohamed VI. Al otro lado de las alambradas se desplegaba el ejército de Franco.
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