Han pasado cuatro meses desde que salió a la luz en Italia la investigación sobre una sospecha escalofriante de la guerra de Bosnia en los años noventa: francotiradores de fin de semana de varios países europeos que pagaban por ir a las colinas del cerco de Sarajevo, sitiada por las tropas serbobosnias, y disparar a civiles desde allí. Un escritor, Ezio Gavazzeni, había recopilado información sobre ello y la entregó a la Fiscalía de Milán, que abrió diligencias. Es un asunto tan espantoso que roza lo increíble, también borroso y difícil de investigar, porque han pasado 30 años y se basa en un puñado de testimonios. El destino del caso es incierto, pero algo ha avanzado: la Fiscalía ha inscrito ya a tres personas como investigadas, según la prensa italiana.
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