El politólogo de cabecera del nazismo le susurraba al oído a Hitler que la política consiste en identificar al enemigo; la aportación de los ideólogos del trumpismo a la espiral reaccionaria es sembrar el caos. Durante un año largo, Donald Trump ha acelerado obsesivamente hacia ese doble objetivo agarrado a un martillo en forma de aranceles con el que amenazaba a sus aliados históricos, a sus rivales sistémicos, a todo quisque. El Supremo de EE UU le arrebató el martillo hace unos días. Los contrapoderes empiezan a sublevarse: “El Supremo ha acabado con esa táctica de dividir y vencer y consigue así eliminar una de las principales fuentes de incertidumbre del trumpismo”, resume Richard Baldwin, uno de los grandes expertos en comercio internacional. Pero Trump es una máquina de novelar, y al quedarse sin martillo ha agarrado el lanzallamas y, arrastrado por Israel, ha incendiado Oriente Próximo con el ataque a Irán.
Dinamarca no teme solo a las ambiciones de Trump sobre Groenlandia: el independentismo resurge en Islas Feroe
Los carteles electorales se solapan estos días en las cuidadas y...
