Arabia Saudí conocía por experiencia propia el daño que le podía infligir Irán antes de que en estos últimos días, con el estallido de la guerra, el país fuera alcanzado por drones que han afectado a una planta petrolífera y a la Embajada de Estados Unidos en Riad. En 2019, la mayor planta de procesamiento de crudo y el segundo mayor yacimiento de petróleo del país fueron alcanzados por misiles de origen iraní, que interrumpieron temporalmente más de la mitad de la producción. Dos años más tarde, los rebeldes hutíes de Yemen, apoyados por Teherán, golpearon con un dron una gran terminal de almacenamiento en el puerto de Ras Tanura, en el este del país. Y en 2022, el grupo impactó otro depósito en Yeda, en la otra punta del reino.
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