Una terminología insidiosa se ha enraizado en Estados Unidos: distingue a los heritage Americans del resto de nosotros. Se trata de un eufemismo para definir a los protestantes anglosajones blancos y, cada vez más, también a los nacionalistas evangélicos. Este lenguaje se está desplegando de forma sistemática. En la práctica, la Corte Suprema de EE UU ha legalizado una maquinaria de control en la que la etnia —incluso cómo se habla, cómo se viste, a qué se dedica alguien— puede ser utilizada como justificación para que funcionarios federales, fuerzas cuasi militares como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), detengan a alguien y le pidan “sus papeles, por favor”.
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