El aumento del número de ancianos que cometen delitos menores para asegurarse techo, comida y cuidado médico en prisión ha trasformado las cárceles de Japón en centros cada vez más preparados para esa franja de edad y donde la reinserción social prima sobre el castigo del delito. Algunos expertos, no obstante, alertan del alto coste que supone mantener a un preso mayor, y consideran que las prisiones convertidas en hogares de la tercera edad ponen en evidencia un problema: la existencia de comunidades cada vez más debilitadas que no brindan apoyo a sus mayores.
Ali Vaez, experto en Irán de International Crisis Group: “Trump ha iniciado una guerra que no puede terminar”
El experto en seguridad iraní Ali Vaez (Shiraz, 46 años) está...
