Una fuerte explosión sacudió Colonita, una pequeña localidad que forma parte del municipio de Chisináu, a las 4.20 de la madrugada del pasado 18 de septiembre. Sus vecinos vieron un resplandor cegador y escucharon un estruendo aterrador que hizo temblar las casas. Seis horas más tarde, los equipos de emergencia encontraron los restos de un dron ruso, incluido el motor, desperdigados por un terreno agrícola. El aparato había caído a unos siete kilómetros del centro de la capital moldava, donde viven más de 700.000 personas. No había sido detectado por los sistemas de vigilancia, algo que el Ministerio de Defensa atribuyó a la velocidad y la baja altitud a la que volaba.
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