La frase es exagerada, pero transmite una sensación compartida: “Antes tenía miedo del Sebin [Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional] y ahora no sé si tengo que temer a la CIA”. La pronuncia un diputado opositor una calurosa mañana de septiembre en Caracas y refleja un temor creciente entre políticos, periodistas, empresarios y defensores de los derechos humanos. El poder de Estados Unidos en Venezuela y su respaldo al Gobierno de Delcy Rodríguez los mantiene desconcertados y cuidadosos. Cuando la represión por decir lo que uno piensa empezaba a disiparse, surge un nuevo miedo: contrariar los intereses de la primera potencia mundial. En juego hay visados, financiación de proyectos y la condena al ostracismo.
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