Una inmensa mole de acero a la deriva sorprendió a los primeros bañistas que, el domingo, acudieron a la playa de Alacali, en la costa norte de la provincia de Estambul. El Omskiy-107, con su puente de mando ennegrecido por el fuego y con un boquete del tamaño de una ventana, amaneció al oeste del horizonte, pasó frente a la playa y sus pasmados bañistas en dirección este y volvió a virar, vagando a merced de las corrientes, como los galeones errantes de las leyendas de mar. “Era como un buque fantasma, no llevaba tripulación, estaba totalmente abandonado e iba sin gobierno”, relata Coskun, uno de los socorristas de la playa. Sobre las dos de la tarde, empujado por las olas, el carguero enfiló la costa en perpendicular y embarrancó en sus aguas arenosas. “La gente estaba atónita, mirando y sacando fotos del barco; incluso un socorrista tuvo que avisar a un bañista porque casi se lo lleva por delante”, relata otro de los testigos del extraño acontecimiento, que pide no ser citado por su nombre.
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