El pasado 20 de julio, las sirenas antiaéreas sonaron por sorpresa en Amán, la capital de Jordania. Irán había lanzado cuatro misiles, que fueron interceptados o cayeron en zonas vacías, según el ejército. Es uno de los últimos ejemplos de cómo el país se ha convertido, a su pesar y junto con Kuwait, en el principal objetivo de los misiles y drones de Teherán en estas últimas semanas de montaña rusa (mezcla de ataques, amenazas y diálogo) a la que anda subido Oriente Próximo. La situación ha abierto un inhabitual debate sobre el precio que paga Jordania por su estrecha alianza de seguridad con EE UU y ha generado la paradoja de que sufre los ataques que, desde junio, no recibe Israel, que promovió e inició la guerra el pasado febrero, mano a mano con Washington, y desde donde salen aviones de EE UU para bombardear Irán.
Israel intensifica sus ataques en Gaza y presiona para acelerar el desarme de Hamás
El ejército israelí ha matado al menos a 33 gazatíes desde que...
