Martes, 23 de junio. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, aterriza en Abu Dabi con un mensaje claro: el estrecho de Ormuz, dice, es una “autopista marítima internacional” y, como tal, “ningún país puede cobrar peajes o tasas” en ella. “Es lo que dice la legislación internacional, lo que ocurre en otras vías marítimas alrededor del mundo y lo que esperamos que suceda allí también”. Sus palabras tienen varios destinatarios: Emiratos Árabes Unidos, el país amigo que visita, y el resto de exportadores de hidrocarburos del golfo Pérsico podrán exportar sin cortapisas. Y, por supuesto, Irán, que —según sus palabras— no podrá hacer caja con los barcos que transitan por esa vía clave para el transporte de petróleo, gas y los derivados de ambos.
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