Tras años de prosperidad económica en los que Alemania se benefició del mercado único de la UE y de la globalización, convirtiéndose en una gran potencia exportadora, en los que Rusia proveía de energía barata a su gigantesca industria y China era un importante mercado de destino de sus productos, Berlín se enfrenta a una nueva realidad cargada de desafíos. Tiene tantos frentes abiertos con una economía que no termina de recuperarse, que el pesimismo se ha extendido entre la población. Los alemanes, además, dudan de que el canciller alemán, Friedrich Merz, esté a la altura.
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