Primero, fue un gran servicio evangélico en el National Mall de Washington. Después, el violento espectáculo de una pelea de artes marciales mixtas en la Casa Blanca que agotó las metáforas y los adjetivos. El próximo miércoles, la celebración del 250° aniversario de la firma de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos continuará con un mitin de Donald Trump, un espectáculo sobradamente conocido, pero insólito en el contexto de la conmemoración del nacimiento de un país, que también es, o solía ser, una poderosa idea, y cuyo presidente piensa convertir en una gran fiesta de sí mismo.
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