Algunos antiguos empleados del cuerpo diplomático ruso aún recuerdan cómo su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, “era el mejor”, el espejo en el que se miraban todos. El jefe de la diplomacia rusa desde 2004 era considerado el arquitecto de una red de coaliciones que había devuelto a Moscú a la primera línea internacional, aunque realmente siempre fue la diplomacia la que se adaptaba a las acciones de Vladímir Putin. Y todo se derrumbó el 24 de febrero de 2022, el día en el que el presidente ruso ordenó la ofensiva total sobre Ucrania.
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