Francia encara la larga recta final hacia las elecciones presidenciales más importantes en décadas, las que se celebrarán en la primavera de 2027, sumida en un cierto tedio político, un escenario perfecto para las sacudidas ultra. El país está bloqueado; el Parlamento, fragmentado. No hay reformas, apenas se oye a la oposición. Las luces de la fiesta se apagan y la música ha dejado de sonar. A menos de un año de los comicios, hay muchas dudas sobre las candidaturas, una sola certeza y ningún entusiasmo particular por la decena de aspirantes que se han postulado hasta ahora.
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