La carrera ya ha comenzado. Mientras Bruselas avanzaba esta semana en el acuerdo político que abre la puerta a la creación de campos de deportación para migrantes fuera del territorio comunitario, varios gobiernos europeos se movían en paralelo, discretamente, para encontrar países dispuestos a albergarlos. Países Bajos, Dinamarca, Austria, Italia y otros socios favorables a una línea dura quieren pasar de la arquitectura legal a la geografía real y localizar cuanto antes un país donde enviar a quienes han visto rechazadas sus solicitudes de asilo o han recibido una orden de expulsión. Centros lejos de Europa.
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