¿Tiene sentido bloquear un estrecho que ya lleva seis semanas bloqueado? Esa pregunta, aparentemente contradictoria, cobra tintes bien distintos en la siempre complicada cabeza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que el lunes concretó la amenaza aireada horas antes. Un nuevo órdago que ha desconcertado a analistas e inversores. El estrecho de Ormuz tendría ―tiene ya, según el Pentágono― un doble candado: el de Teherán, consciente de que es su mayor herramienta de defensa frente a la agresión estadounidense e israelí; y el de Washington, por ahora tan inconcreto como potencialmente desestabilizador. Un órdago difícil de llevar a la práctica.
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