Viktor Orbán, el gran provocador de Bruselas, se ha convertido en una pesadilla para Unión Europea. El primer ministro húngaro, que desearía una Europa cristiana, sin inmigrantes y de valores tradicionales, ha hecho de la coacción a la UE la marca de su Gobierno y ha protagonizado feos contenciosos con el Ejecutivo comunitario por sus ataques al Estado de derecho y el bloqueo casi constante de las medidas de apoyo a Ucrania. Desde hace semanas, en una maniobra inédita, bloquea un préstamo multimillonario europeo para el país invadido por Rusia, pese a que ya lo había aprobado y a que Hungría ni siquiera pondrá dinero. Orbán, el líder europeo más cercano a Rusia y con estrechos vínculos con el movimiento MAGA (Make America Great Again) del estadounidense Donald Trump, mantiene, de nuevo, paralizada a la Unión Europea
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