Keir Starmer ha llegado este miércoles a la sesión de control del Parlamento (Prime Minister’s Questions, o Preguntas al Primer Ministro) con las garras afiladas. A los conservadores les ha recordado las fechorías de Boris Johnson; a los liberales demócratas, su complicidad con la austeridad impuesta por el Gobierno de David Cameron; a los nacionalistas escoceses del SNP, los casos de corrupción de su anterior dirección. Bien aleccionados, los diputados laboristas jaleaban y aplaudían a su líder. El objetivo inmediato era frenar las consecuencias del escándalo Mandelson-Epstein, que ha estado a punto de acabar con el breve mandato del jefe de Gobierno británico.
Kagame endurece la represión contra las escasas voces opositoras en Ruanda
El régimen ruandés, liderado por el presidente Paul Kagame desde...
