De una manera u otra, la sombra del pasado siempre acecha en Rumania. En esta ocasión ha sido un himno con tinte fascista interpretado por un coro infantil en la recién inaugurada catedral de la Salvación del Pueblo de Bucarest, el templo ortodoxo más grande del mundo, lo que ha desatado una tormenta de críticas al recordar el régimen de Ion Antonescu, fiel aliado de la Alemania nazi de Adolf Hitler hasta 1944 y quien, pese a perpetrar su propio Holocausto contra judíos y gitanos, es recordado por parte del nacionalismo patrio por la supuesta época de progreso bajo su mando.
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