
Loic Nervi (44 años, Draguignan) heredó con apenas 19 años la panadería de su padre, un obrador de toda la vida ahora jubilado. Pese al éxito del negocio —ya cuenta con varias tiendas en la región de Provenza, al sur de Francia— el ser panadero siempre ha quedado para él en segundo plano: “Es mi profesión más bien por obligación que por elección. Mi padre me empujó un poco a ello para que me hiciera cargo del negocio, pero a mí no me apasiona en absoluto. Lo que me apasiona es ir a hacer pan para ayudar a los demás”. Esa pasión le lleva a preparar este mes su decimoprimera misión humanitaria a Ucrania, invadida por Rusia en febrero de 2022: “Cuando estoy de viaje, lo doy todo. Al volver aquí, a Lorgues, estoy hecho polvo, no puedo más. Estoy muerto”. Y planifica, en las mismas condiciones, llevar ayuda a Líbano a finales de mayo.


